BREVE HISTORIA DE LA FERIA TABASCO



La Feria Tabasco es la fiesta estatal más importante del estado mexicano de Tabasco y es catalogada como una de las tres más importantes de México al registrar 2 millones 122 mil visitantes en el 2012. Se realiza entre los meses de abril y mayo de cada año; sus antecedentes datan de 1880 y fue instituida en 1928 por el ex gobernador Tomás Garrido Canabal. Esta festividad es de tipo cultural, artística, comercial, turística, industrial, agrícola y ganadera.

Desde 1953 se realiza también, en conjunto con las exposiciones, el Baile de Embajadoras, en el que se lleva a cabo la “Elección de La Flor de Oro”; en el cual 17 representantes (las embajadoras) una por cada municipio del estado, compiten por el título de La “Flor de Oro” del estado. La triunfadora, además de ser la “Reina de la feria”, se convierte en una de las imágenes de Tabasco y también promueve la Feria del próximo año.

Uno de los más importantes eventos de esta Feria lo constituye su desfile de carros alegóricos que se realiza por las calles de Villahermosa, donde cada municipio exhibe un carro con alegorías de su municipio y las embajadoras son paseadas por la ciudad ataviadas con trajes típicos. Lo mismo sucedía sobre las aguas del río Grijalva, donde se realizaba el desfile de los barcos alegóricos igualmente adornados, frente al malecón de la ciudad de Villahermosa.



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DEL CARNAVAL EN TENOSIQUE, LAS DANZAS RITUALES Y SU MISTICISMO

Por Jorge Rivero Zapata/Franco de Aldecoa.

> Casi dos toneladas de harina son arrojadas en el arranque del carnaval más impresionante del estado de Tabasco. En el municipio de Tenosique cientos de personas de diferentes edades quedan cubiertas con capas de harina, huevo y agua, mientras esperan ansiosas el inicio de las festividades de carnestolendas, famosas por las danzas rituales de “El Pochó” y “Los Blanquitos”. Estas costumbres son exclusivas de Tenosique, pequeña ciudad tabasqueña situada en la margen derecha del caudaloso río Usumacinta, en medio de la encrucijada que forman los estados de Campeche, Tabasco y Chiapas y el Departamento del Petén, de Guatemala.

Entre las costumbres peculiares de esta región hay una que se distingue por el hecho de que ha conservado, a través de tantos años, sus caracteres primitivos, a pesar de sus complicadas ceremonias; esta costumbre consiste en una danza denominada “El Pochó”, que se lleva a cabo durante los días de carnaval, principiando el 20 de enero, día de San Sebastián. El carácter mítico de esta danza es indudable y se considera que sus orígenes se remontan al tiempo anterior a la Conquista, ya que los indígenas la practicaban como parte de una ceremonia religiosa del culto a sus dioses. Cuando los conquistadores convirtieron a los indígenas al cristianismo, esta danza siguió ejecutándose, pero desde entonces la relacionaron íntimamente con la religión católica, aunque sin formar parte del culto, y es así como se conserva hasta nuestros días.  El Pochó consiste en una serie de danzas y otras ceremonias ejecutadas al compás de una música melodiosa y triste, producida por un pito hecho con caña de carrizo, acompañado de tambores; todo esto simboliza la purificación del hombre a través de la lucha entre el bien y el mal. Los personajes de estas danzas son los “cojoes” (hombres), las “pochoveras” (doncellas) y los “tigres”.
Según el argumento, los cojoes son criaturas superiores de la naturaleza, en quienes los dioses han depositado rasgos positivos y negativos; el dios maligno llamado Pochó desea la destrucción de los hombres y envía a lostigres a eliminarlos; el grupo de pochoveras actúa ambiguamente, primero como enlace entre el Pochó y los seres terrestres, y después como mediadora entre cojoes y tigres. Los tres grupos de personajes deciden finalmente“recoger sus pasos”, es decir, desandar su vida de actos reprobables, y destruir con ello, dentro de sí mismos, al dios Pochó. Esto último se simboliza con el hecho de quitarse las máscaras en el mismo sitio donde, al ponérselas, habían absorbido sus rasgos negativos, y de ir arrojando, en una carrera por varias calles, las vestimentas vegetales que constituyen el vestuario de los cojoes. Se trata, entonces, de un retorno a la inocencia mediante un acto de purificación.   
Este argumento, a excepción de la última escena, que se representa sólo el martes de carnaval, se repite varias veces a lo largo de los recorridos por la ciudad. El número de ejecutantes de esta danza es variable. Al comienzo de los festejos son aproximadamente cincuenta varones, en su mayoría jóvenes y niños; pero en la culminación del martes de carnaval hay más de mil cojoes, unas veinte pochoveras y diez tigres.  En cuanto a la indumentaria ritual, los cojoes usan sombrero de palma cubierto con flores y hojas largas y frescas de cañita, dos pañuelos amarrados a la cabeza y el rostro cubierto con una máscara de madera; llevan un costal de henequén sobre la camisa; una toalla o paño sobre los hombros; guantes (o calcetines que hacen la misma función de cubrir las manos); faldilla de grandes hojas secas de castaño, entretejidas en una cuerda amarrada a la cintura, y polainas de hojas de plátano secas (“sojol”). Las pochoveras visten sombrero cubierto de flores, blusa blanca, falda floreada, un manto o paliacate sobre los hombros y collares.
Finalmente, los tigres llevan todo el cuerpo, a excepción del cabello y la espalda, embarrado de tierra amarilla (“sacab”) con manchas negras redondas aplicadas con la boca de una botella o con la tapa de un frasco pequeño; sobre la cabeza y los hombros portan una piel de ocelote o jaguar, y a la altura del hocico del animal, una flor roja. Loscojoes utilizan varios accesorios, como bastones, sonajas (“shiquis”), recipientes con harina o agua e incluso objetos obscenos.  Hay que mencionar que existe un personaje llamado “capitán” (anteriormente era conocido como “juez”), que se encarga de conservar la tradición y el fuego sagrado, y de que se lleven a cabo todos los ritos correspondientes.Para nombrar al “capitán del Pochó” la comunidad se pone de acuerdo sobre la persona en quien recaerá el nombramiento del año siguiente, que es siempre un indígena renombrado, y luego se da cita tumultuosamente frente a la casa del elegido, arrojando al techo piedras, botellas, naranjas y otros objetos. El propietario sale a la puerta y anuncia que acepta el cargo. Por último, al llegar la noche la gente se instala en la casa del capitán saliente para asistir a la “muerte del Pochó”, que desde ese momento cae gravemente enfermo.
Esta ceremonia se desarrolla como un velorio, donde se recuerdan los incidentes de la temporada mientras se consumen tamales, dulces, café y aguardiente, todo esto acompañado por el ritmo de los tambores, durante toda la noche del martes.
Al despuntar la mañana del miércoles de ceniza, el toque de los tambores se va haciendo más lento y finalmente calla ante la muerte del Pochó, así que todos se despiden hasta el próximo año. 
Antiguamente, el aprendizaje de este ritual se realizaba por imitación, pero en la actualidad existe una escuela autorizada por la comunidad en la que se preserva y difunde esta danza, bajo la dirección del conocido “maestro Felipe”.   Que en paz descanse
Por otra parte, en lo que se refiere a la danza de “Los Blanquitos”, que también se lleva a cabo durante el carnaval, se trata de una danza mestiza de protesta que probablemente tuvo su origen en la región del Petén guatemalteco, entre los negros que trajeron como esclavos los conquistadores españoles. Se cree que pudo ser introducida a Tenosique hacia el año de 1890 por un personaje de nombre José Pérez.  
La danza consiste en que entre 10 o 12 danzantes vestidos con pequeños calzones de manta y con el cuerpo embarrado de un lodo calizo (“shosclok”), tratan de imitar la piel de los amos blancos, para ridiculizarlos, como una forma de protestar contra el mal trato que éstos daban a los esclavos negros en el duro trabajo de talar la selva para obtener las maderas preciosas que los españoles explotaban. 
Los danzantes, denominados “blanquitos”, lucen en la cabeza un penacho cilíndrico con papel picado de colores y llevan tatuada en el pecho y en la espalda una cruz de achiote que simboliza la religión cristiana de los blancos; éstos son maltratados por un capataz negro que se hace acompañar de sus esposas y que los fustiga durante la danza para hacerlos trabajar. Los “blanquitos” se la pasan quejándose a lo largo de la representación. 
Estas costumbres, únicas en la región y en toda la República, aún se mantienen vivas con toda su carga de simbolismo y tradición y se pueden presenciar durante los festejos de carnaval que se celebran en el municipio de Tenosique, Tabasco.

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DE LA EVOLUCIÓN GASTRONÓMICA, EL ESTRUCTURALISMO EN LA COCINA Y LAS NUEVAS TENDENCIAS

En cocina, hoy el “producto” es el único, verdadero producto protagonista: incluso los más grandes chefs parecen desdeñar cualquier tipo de elaboración. Una excelente razón, ésta, para interesarse por el modo en que es transformado el producto, a los vínculos entre innovación del utillaje, práctica del oficio y evolución del gusto: con demasiada frecuencia se tiende a creer que todo esto se modifica siguiendo exclusivamente una lógica; la cuestión, evidentemente, es más compleja.

La innovación técnica constituyó durante muchí-simo tiempo un hecho raro, mientras que la práctica se mantenía en el surco de la rutina. Incluso si nos limitáramos al caso de la cocina tabasqueña, no habría que olvidar la adopción en siglos pasados de la cocina española y cubana, que permitieron conocer sabores, guisos  y la construcción “estructuralista” de la cocina actual en nuestra región. No habría, sin duda, podido salir a la luz tamales con carne de cerdo o el picadillo de pavo. Pero más aún, en ausencia de fuentes de calor controlables y una adecuada altura de apoyo; sin la presencia de fuegos múltiples hubiera sido impensable realizar simultáneamente una cierta cantidad de operaciones diversas.

Sin la posibilidad de controlar la temperatura, la difícil técnica del ligado es muy probable que nunca hubiera sido puesta a punto. Este último ejemplo nos demuestra, por otra parte, la ejecución de una especie de cadena casual: una evolución del utillaje permitió un cambio de la práctica, que a su vez induce una modificación del gusto (en su sentido gustativo, pero también estético). Pero este mecanismo evolutivo puede también actuar al revés: una diferente relación con la comida favorece el nacimiento de nuevas técnicas o la recuperación de técnicas más antiguas. La innovación, en cualquier caso, no lo es todo: si no, según el ejemplo citado la cocina tabasqueña sería comida española (o viceversa).

No se trata de presentar aquí una panorámica exhaustiva de las formas en que las técnicas culinarias han modificado nuestro gusto, sea por la evolución de los materiales, sea por la de las prácticas; no obstante, algunas de estas técnicas nos pueden iluminar sobre los lazos que vinculan el gusto con la tecnología. En china, la dificultad de conseguir combustible se halla sin duda tras el origen del wok y de la necesidad de preparar la comida en pequeños bocados (si bien esta práctica ha sido asociada a consideraciones relacionadas con la buena crianza): nació así una técnica de cocción rápida que se diferencia muy claramente de las costumbres occidentales.

Hace poco más de 30 años, la Nouvelle Cuisine des-cubría a través de las batidoras, molinillos, tritu-radoras y otros aparatos las armas para se revolución gustativa: ligados magros, mousses de todo tipo, etc… Al mismo tiempo el ama de casa realizaba, gracias a la sartén Téfal, cocciones casi privadas de grasa. Jacques Manière alababa la cocción al vapor, bien conocida en otras tierras. Estas innovaciones técnicas permitieron la evolución de una cocina “ligera”, emblemática de aquellos años.


Hoy, la cocina tabasqueña también seduce con sus platos en los que se pone en juego muchos tipos de nuevas técnicas, algunas muy sofisticadas y otras tradicionales y rudimentarias. Si bien es cierto que estos métodos tienen pocas posibilidades de poder ser aplicados ya mañana en nuestras cocinas, la influencia de algunos chefs locales y su creatividad ejerce bastante más allá de las fronteras de su país nos hace presagiar que pronto o tarde, gracias a imitaciones o a la industria alimentaria, nuestros paladares conocerán las mismas nuevas consistencias, los mismos alimentos deconstruidos/reconstruidos. Hay algunos que presumen de la “neo-cocina”, en la cual se aplican a las cacerolas métodos de laboratorio, en el ámbito de una investigación incansable realizada en compañía de amigos cocineros, reposteros o pasteleros.



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DEL 117 ANIVERSARIO DEL NATALICIO DE CARLOS PELLICER CÁMARA, EL MERECIDO HOMENAJE

Con motivo del 117 aniversario de su natalicio, el jueves 16 de enero de 2014 en la explanada del Museo Regional de Antropología ‘Carlos Pellicer Cámara’, se realizó el homenaje anual al ‘Poeta de América’, en punto de las 9:00 de la mañana. 



Con honores a nuestra enseña nacional fue como inició el homenaje a uno de los más ilustres tabasqueños, a cargo del 37 Batallón de Infantería, ante la presencia de varias autoridades y personajes de la cultura estatal.

El discurso oficial estuvo a cargo del Lic. Jorge Priego Martínez, director del Archivo Histórico del Poder Ejecutivo en Tabasco, quien manifestó que siempre hemos pensado y externado que es gratificante que se le rinda homenaje cada año a Carlos Pellicer Cámara, con motivo de su natalicio, como en esta ocasión, y que se le recuerde con especial cariño en el aniversario de su sentido fallecimiento. “Lo menos que puede hacer el pueblo de Tabasco, con uno de los más grandes y amorosos de sus hijos, es agradecerle todo lo que hizo a favor de la tierra o el agua, como gustaba decir, que lo vio nacer”.

Asimismo, aseveró que se considera afortunado, porque tuvo el privilegio de conocerlo y de ser honrado con su amistad y su afecto, “por ello es que supe valorarlo en vida, porque fui testigo de muchas acciones generosas de su parte”, aseguró.

“Si como poeta puso en alto el nombre de Tabasco puesto que siempre se sintió orgulloso de la tierra donde vio la luz primera, la integración que hiciera del magnífico museo regional de antropología que hoy lleva su ilustre nombre, y del justamente famoso universalmente, que el catalogó como ‘Parque Museo Poema de La Venta’, brindando a su natal Villahermosa, los más importantes lugares de interés para el turismo nacional e internacional y, por si fuera poco, el nombre de ‘su agua’ y no ‘su tierra’, como él llamaba a Tabasco, está presente en muchos de sus más importantes poemas como el Romance de Tilantongo y el Discurso por las flores”, además de haberle dedicado Cuatro cantos en mi tierra y El canto del Usumacinta, al que consideraba uno de sus poemas ‘menos imperfectos’.

Al mismo tiempo, enfatizó que por lo antes mencionado y muchas cosas más, como la de ofrecer fianzas personales a humildes campesinos tabasqueños para que obtuvieran su libertad por delitos menores, es que Pellicer se ganó a pulso el reconocimiento del pueblo y el gobierno del estado, por lo que año con año nos reunimos en su nombre a rendirle culto a la poesía.

“Y para terminar, diré nuevamente: ¡Qué bueno que cada año se recuerde a El Poeta de América! Estamos completamente seguros de que el mayor y mejor de los homenajes que podemos hacerle a nuestro ilustre coterráneo, es leerlo para gozar de su excelsa poesía”, culminó Priego Martínez.   

El Lic. Laureano Naranjo Cobian, leyó con especial énfasis el fragmento de uno de los poemas más representativos de Pellicer Romances de Tilantongo. Igualmente, “Santanera” y “Mis blancas mariposas”, fueron algunas de las melodías que ejecutó la marimba del Gobierno del Estado, bajo la dirección de Raúl Guzmán Morales.

Esta actividad fue organizada por el Gobierno del Estado de Tabasco, a través de la Dirección General de Acción Cívica y Cultural y el Instituto Estatal de Cultura (IEC). 



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DEL CREADOR, EL INVERSIONISTA Y SUS ROLES



Existen dos retos por cumplir en la educación emprendedora, una en el creador y la otra en el inversionista que busque generar ganancias con la cultura. Para lograr el éxito, cada quien debe saber bien cuál es su tarea y aquí compartimos contigo, amigo lector, cinco obligaciones para cada rol.

CREADOR:

Propiedad intelectual: registra las obras para que no te roben tus ideas. Es importante evitar plagios y copias en el mercado.

Impuestos: para participar de los beneficios fiscales del gobierno, de programas de desarrollo artístico y cultural, emite facturas o recibos de honorarios. Debes estar al día con el pago de impuestos.

Precio: Calcula los costos, gastos y el valor en el mercado de tus productos y servicios, sino no podrás saber cuánto será tu ganancia.

Relaciones públicas: éstas sirven para conseguir inversionistas (mecenas, galeristas, vendedores, apoyos gubernamentales) y para aumentar clientes.

Asesoría: acercarse a instituciones públicas y privadas que te asesoren en materia de negocios, conforme a tu especialidad o talento, es algo básico.


INVERSIONISTA:

Estudio de mercado: antes de adentrarse decidirse al arte de hacer dinero con el arte se debe conocer: cómo funciona, quiénes lo consumen, cuáles son los precios del mercado y qué necesidades puede cubrir.

Negocio: una vez estudiado el mercado, debes buscar un modelo que se acople a tus intereses y expectativas.

Alianzas: Una de las carencias en la producción artística nacional es la falta de una relación cercana entre todas las partes de la cadena productiva. Por esto es importante hacer redes de trabajo.

Medio artístico: los creadores tienen distintas maneras de relacionarse con sus clientes, las instituciones y los espacios en los que trabajan, y hasta entre ellos mismos. Es importante conocer esos códigos.

Créditos: uno de los problemas con lo que lidia el consumidor de arte en nuestro país es la falta de financiamiento para la adquisición de obras. Se deben diseñar modelos crediticios que permitan llegar a un público más vasto.



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DE LA GLOBALIZACIÓN CULTURAL, LA INDUSTRIA DEL CINE Y ALGUNAS PRODUCCIONES MEXICANAS

Hace poco más de cien años de la invención del cine y es considerado como una de las expresiones culturales más importantes de la historia. Actualmente la industria cinematográfica se encuentra sujeta a la ley de la oferta y la demanda, por ello la comercialización del séptimo arte obedece en mucho al ‘nuevo orden económico mundial’, que propone una estandarización global en todos los aspectos posibles. Este modelo es dirigido por grandes grupos occidentales, específicamente estadounidenses, que en sus producciones cinematográfica carentes de personajes reales, desarrollan estereotipos alejados a la cultura de muchos de países y que a la larga se convierten en patrones o estándares a los que se debe aspirar y que para muchos es difícil de alcanzar.

Las culturas mundiales en lugar de enriquecerse y fusionarse, se ven reducidas a una sola visión del mundo. Al cine, en su corta vida dentro del ámbito de las artes,  le correspondía desvincularse del modelo ‘hollywoodense” que predomina, y aún trata de sobrevivir en pequeña escala y en círculos pequeños (cerrados) que no son rentables para la industria; sin embargo, el papel que desempeña en nuestras vidas es importantísimo y por ello aún hay quienes se animan a realizar producciones originales de sus costumbres, hábitos y proyecta una cosmogonía distinta a la estadounidense.

En México, la película “El violín” de Francisco Vargas (2005) fascinó a público alemán, español y hasta coreano. Cuenta la historia de un grupo de campesinos que, además de ser músicos, apoyan a la guerrilla en su comunidad, un argumento que atañe a muchos pueblos mexicanos y a muchas otras minorías latinoamericanas que buscan independencia y autodeterminación. Lo trascedente de esta cinta reside en que es un hecho totalmente real y no una película pretenciosa en búsqueda de lo intercultural que se pierde en personajes y sitios pretenciosos; son historias de vida relacionadas entre sí por sucesos que sólo se podrían imaginar en un guión de Hollywood.

Tampoco se trata de tener historias complicadas en que el espectador se siente a descifrar mensajes o un lenguaje aparte, el cine debe contarnos historias sencillas cuyo grado de complejidad es también humano. Por ejemplo, “Temporada de Patos” de Fernando Eimbcke (2004) es una cinta filmada en blanco y negro que solo ocupó una locación para tratar de llevar al espectador a una época despreocupada y adolescente.

Lo más triste es que en México se tiene la mala idea de que el cine nacional está decadencia. Es cierto que no se produce en misma cantidad que EE.UU., la India y otros, pero hay trabajos cinematográficos muy buenos, reconocidos en su talento y calidad. Además hay una camada más pujante de jóvenes cineastas que no cuentan con un financiamiento para realizar películas y se quedan con sus historias enclaustradas en un guión.

En el arte, no hay más que la imaginación y el talento, así también mucha dedicación. El cine como la cultura no pueden ser estáticos, como potencia artística debe estar en constante cabio, los contenidos cinematográficos deben evolucionar de igual manera que la sociedad los produce, porque la globalización cultural (cuya base es detentada por lo económico y comercial) no puede ni siquiera pretender hacer similar  las ideologías de todos, debido a que lo maravilloso del cine reside en la pertenencia e identificación de este arte por el espectador.


Este cortometraje es una muestra de lo que puede proyectar cualquier producción cinematográfica. Este video corresponde a una producción casera que relata un estilo de vida muy distinto al 'hollywoodense' y tan propio de la mayoría de la gente que vive en el campo tabasqueño, acostumbrados a madrugar para las tareas cotidianas que mantienen un rancho y la crianza de animales domésticos, elaborado por Vania Quevedo (2013) para concursar en la categoría 'Made in home' del Festival Internacional de Cine Fic Kino-Ich 2013.

¿Qué crees que hace falta al cine nacional?


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DEL ARTISTA COMO EMPRENDEDOR, EL POTENCIAL DE MÉXICO Y LAS OPORTUNIDADES

El artista emprendedor se enfrenta al asistencialismo que el gobierno ofrece a los artistas, y como consecuencia hay un rechazo de los creados hacia el emprendimiento, desarrollar su negocio o la autonomía económica, generando una dependencia a los subsidios y no del mercado que demanda arte.

A diferencia de economías más desarrolladas o de países latinoamericanos, México tiene la capacidad de crecer a un ritmo más acelerado, pues la economía creativa se ha sostenido siempre sin una visión, sin un sistema que las impulse de verdad. Este país es el mayor exportador de materia creativa a nivel continente y esto representa una oportunidad importante para incentivar una visión que proyecte en instituciones, como el Conaculta o el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), el Fondo de Cultura Económica (FCE) o desde las universidades, con incubadoras y empresas de emprendimiento social.

Pero para detonar este potencial se necesita un cambio en la mentalidad, tanto de los creadores y los artistas que quieran emprender, así como de los inversionistas en piezas de arte, en proyectos culturales o coleccionistas. Todo debe iniciar en el primer paso, en la cadena de producción, pues hay mucho detrás del proceso; por ejemplo, un cuadro requiere de la tela o base, del que fabrica el bastidor, quienes elaboran las tintas y pinturas, y es entonces en que aparece el talento y el trabajo del artista, un galerista, el dealer, curadores, asistentes y transportadores.


Otra propuesta al valor de los productos culturales es lo que marca el contraste de la economía industrial y la economía creativa:

  • -          Usar la propiedad intelectual.
  • -          Recursos para la producción.
  • -          Valor en el tiempo.


Los productos industrializados que demandan recursos naturales o sintéticos se encarecen cuando se acaban los elementos para fabricarlo, pero se devalúa con el tiempo conforme se utiliza. Por otro lado, el de la economía creativa, uno de los recursos más valiosos para la producción son las ideas, no los materiales; el valor aumenta con el tiempo, no disminuye; y la propiedad intelectual no se comparte, se conserva como un traje hecho a la medida que es sólo para el cliente.


Este tipo de conceptos son los que un artista debe considerar para emprender con mayor visión. México está apostando cada vez más en una educación emprendedora a través de incubadoras, aceleradoras y otros proyectos para fomentar la producción y comercialización de productos culturales, así como que haya más inversión de la iniciativa privada, pero mientras no haya una disposición de los creativos talentosos no se podrá avanzar.



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LA ÚLTIMA ENTREVISTA DE BEATRIZ ESPEJO A CARLOS PELLICER


"Convencer a la nube 
del riesgo de la altura y de la aurora, 
que no es el agua baja la que sube 
sino la plenitud de cada hora..."

Fragmento de 'Invitación al paisaje'.

Carlos Pellicer nació en Villahermosa, Tabasco, y murió en la ciudad de México. Estudió en la Preparatoria Nacional y en Colombia, enviado por el gobierno de Venustiano Carranza. Quizá de entonces partió su profundo bolivarismo. Fue cofundador de la revista San-Ev-Ank y de un nuevo Ateneo de la Juventud que no tuvo mayores repercusiones. Fue secretario de Vasconcelos y miembro de las juventudes vasconcelistas. Junto con Lombardo Toledano, Diego Rivera, José Clemente Orozco y Xavier Guerrero fundó el Grupo Solidario del Movimiento Obrero. Colaboró en las revistas Falange (1922-1923), Ulises (1927-1928) y Contemporáneos (1928-1931). Fue también profesor de la preparatoria y la universidad, y director del Departamento de Bellas Artes. A su amor por los museos se deben el de Frida Kahlo, el de la Venta de Villahermosa, el Anahuacalli, el de Tepoztlán, Morelos, entre otros. En 1976 entró al PRI y al Senado de la República. Coautor de El trato con escritores (1961); autor de Colores en el mar y otros poemas (1924), Piedra de sacrificios (1924), Seis, siete poemas (1924), Oda de junio (1924), Hora y 20 (1927), Camino (1929), Cinco poemas (1931), Esquemas para una oda tropical (1933), Estrofas al mar marino (1934), Hora de junio (1941), Discurso por las flores (1946), Subordinaciones (1949), Sonetos (1950), Práctica de vuelo (1956), Material poético (1918-1961), Dos poemas (1962), Con palabras y fuego (1963), Teotihuacan y 13 de agosto; Ruina de Tenochtitlán (1965), Bolívar, ensayo de biografía popular (1966), Noticias sobre Netzahualñcóyotl y algunos sentimientos (1972), Cuerdas, percusión y alientos (1976). Después de su muerte han desaparecido publicaciones que dejó dispersas: Reincidencias (1978), Cosillas para el nacimiento (1978), Cartas desde Italia 1985), Cuaderno de viaje (1987). Juan José Arreola se encargó de cuidar la edición de Material poético y Luis Mario Schneider la de Obras. 

Beatríz Espejo,
escritora mexicana.
Lo conocí por una circunstancia feliz. Todo México sabía que Pellicer – poeta de la grandeza americana, de las flores exultantes, de las nubles, del agua, del sol implacable y renovador, de los límites; poeta que miraba el mundo con ojos de poeta- para las navidades montaba en su casa un nacimiento cada año distinto. Se trataba de verdaderas obras del arte efímero y las mostraba sin mayores preámbulos a quienes así lo solicitaran. Un grupo de adolescentes llamamos a su puerta. Nos condujo por unas escalerillas hacia lo que había sido la cochera y entonces era ya un nicho museográfico que reconstruía el paisaje tabasqueño, un claro en la selva donde cercanos al establo ancestral se congregaban casitas de carrizos, ríos de papel aluminio, lagunas de espejos, palmeras, pericos, monos, caimanes, helechos, plátanos, anacondas en miniatura. Accionó los controles y el escenario fue iluminándose en una secuencia paulatina que figuraba los primeros dolores del parto hasta el alumbramiento. El cielo raso se poblaba de estrellas, luceros, constelaciones. Y la música creciente cantaba a pleno pulmón la llegada del Mesías, la adoración de los pastores, la solidaridad del burro y la vaca, el arrobo de los seres todos que presenciaban el prodigio luego, lentamente según empezara, sonaba la última nota del concierto porque la historia se había contado.

Lo conocí también gracias a la generosidad con que trataba a los jóvenes editores de publicaciones literarias. Para la revista El rehílete le pedí una entrevista que me concedió y uno de esos sonetos suyos admirables. Me lo dio sin falta y de manera gratuita a pesar de que como es claro cobraba bien sus colaboraciones. Esa visita que empezó a las seis de la tarde e iba a ser breve se prolongó porque algunas palabras mías lo incitaron a instalarme en un sofá Reina Ana, herencia de doña Deifilia Cámara, con el propósito de explicarme las perfecciones de una marina colgada en la pared de enfrente. A su calidez unió su sabiduría de crítico interesada en las artes plásticas y su amor por la belleza y me señaló los empastes, la gradación de colores, la turbulencia de las olas que Velasco supo imprimir en la tela. Cerca había un retrato y una escultura en bronce de Pellicer hechos por Diego Rivera y Hoffman Isembourg respectivamente, y una pintura de Orozco que representaba a dos parejas abrazadas al ritmo de danza.

Nuestros encuentros se multiplicaron. Solía rodearse de discípulos queridos entre los que recuerdo a Dionisio Morales, Abigael Bohórquez, Carlos Eduardo Turón, Guillermo Fernández y José Carlos Becerra. Algunas veces me uní al grupo, nos invitaba chocolate en jícara ahumada y hacía de aquel asunto tan serio un rito en el cual él oficiaba y nosotros servíamos de monaguillos. Por razones amables me decía cosas aduladoras que yo tomaba como tales, aunque henchida de agradecimiento y desde el fondo de mi corazón que apenas abría sus alas de mariposa. Gracias a todo esto y porque Emmanuel Carballo y yo hemos sido sus admiradores firmes, cuando nació nuestro hijo Francisco viajamos a Tepoztlán, nos hospedamos en casa de nuestros amigos Daniel y Martha Dueñas, decidimos registrar al niño en ese pueblo mágico y que Pellicer fuera testigo. ¿Quién mejor? Aceptó contento y con el regalo de su afecto y el timbre sonoro de su voz, con su vestimenta habitual de los últimos años (camisa de algodón, pantalón de dril y huaraches franciscanos), estampó su firma en el acta.

En la última ocasión que nos vimos personalmente se comunicó con Emmanuel y le dijo que quería confiarle pormenores desconocidos del novizgo entre Margarita Quijano y Ramón López Velarde y que nos convidaba a merendar. Nos presentamos puntuales, grabadora en mano. Emmanuel como entrevistador, yo como espectadora. Pasamos a una salita y el poeta se propuso mostrarnos sus recientes descubrimientos arqueológicos depositados en vitrinas iluminadas, numerosos juguetes que probaban – según él – que la rueda era ya usada por los antiguos mexicanos aunque todavía no en labores agrícolas. Nos enseñó collares de cristal, perrillos de jade, ranas de alabastro y a cada exclamación, divertido, extraía de sus unas máscaras y medallones que aumentaban nuestro asombro. (Sus detractores afirmaban que muchas de esas piezas era apócrifas y que Pellicer compraba figurillas prehispánicas al gusto propio, apenas salidas del torno y del horno). Auténticas o no, resultaban auténticas maravillas que trataba con exquisita cortesía. Al cabo de una hora busqué lugar donde sentarme y encontré la orilla de un sillón próximo. Apresurado, Pellicer interrumpió sus exhibiciones para decirme con sus frases llenas de resonancias que cuidara de no apachurrarle un Miró y un efecto, tras mi espalda, sacó una litografía sin enmarcar y una de Picasso y las hacinó junto a otras muchas sobre el suelo y contra un muro.

La grabación fue larga y en ella quedó la idea de que Margarita Quijano nunca casó porque había hecho votos de monja laica; pero lo más importante de aquella entrevista última que le hizo Emmanuel fue el análisis que Pellicer dejó de su propia obra y la de sus contemporáneos. Modesto, sin demasiada modestia; gentil y comunicativo, acabó enseñándonos su dormitorio, casi una celda conventual por su pequeñez, su frugalidad, por una Biblia de tapas gastadas que se hallaba sobre la cama. (Hoy se ha trasplantado con Biblia y todo a su casa de Tabasco convertida en museo).

A tiempo llegó la merienda, el consabido chocolate y los tamales de pejelagarto enviados de su tierra, y la conversación animada en la cual salieron a relucir muchos nombres y muchas anécdotas, el doctor Atl que lo visitó en Tepoztlán un fin de semana y se quedó dos años, Julio Castellanos autor de numerosos cuadros colgados en el comedor, y Manuel Rodríguez Lozano, Xavier Villaurrutia, Jorge Cuesta, Genaro Estrada, los hermanos Magdaleno a quienes dedicó poemas espléndidos en Hora de Junio. Y algo que nunca olvidaré. La razón de aquella cita. Carlos Pellicer empezaba a pensar que su partida se acercaba y decidió tomar las cosas con calma para despedirse de sus amigos. La semana pasada había subido al Izta; la semana siguiente subiría al Popo. Esa noche nos decía adiós a nosotros. Y mientras lo decía no sentí el nudo en la garganta que se hubiera esperado, sino más bien una impresión gozosa como de saludo. Supe siempre que iba a reencontrarlo desde la ventanilla de un avión, en alguna barca del río Grijalva, en algún pueblecito de los Andes.

-          Maestro, ¿cuándo empezó usted a escribir?

-          A los 11 años. Crecí en el culto a los héroes; mi padre adoraba a Juárez; mi madre a Hidalgo. Y lo primero que escribí fue un pequeño poema de dos o tres estrofas a Hidalgo. Más tarde, a los 15, me impresioné con una fotografía y escribí un poema al paisaje acuático. La naturaleza me había capturado para siempre.

-          ¿Qué es la poesía?

-          Es el apoyo más importante de mi vida, después de la religión cristiana que tiene toda la esencia poética. Cristo hablaba en parábolas llenas de poesía. A la religión se une la belleza y el bien. Un alemán, Nietzsche, que naturalmente murió loco…

-          ¿Por ser alemán?

-          No, por ser un gran poeta. Nietzsche escribió que el cristianismo era una religión para esclavos. Yo la siento llena de alegría. Dice que hay cosas que no deben hacerse, pero no por eso niega la infinita bondad de Dios.

-          Sin embargo, ¿cómo definiría usted la poesía?

-          Nunca he pretendido definirla sino sentirla.

-          ¿Cómo debe ser un buen poeta? ¿Qué cánones estéticos debe seguir?

-          Ninguno. La poesía fundamentalmente es libertad de sentir y amar a la belleza y el bien. La poesía debe estar siempre ligada a los valores más altos del espíritu. El drama ateniense lleno de horror nos está diciendo, por horror mismo, la necesidad del bien. No son posibles más horrores que los que se escribieron los griegos o Shakespeare, pero cuando asistimos a la tragedia de Macbeth, por ejemplo, inferimos lo bueno que sería la no existencia de la traición sobre la tierra. Si el mundo se rigiera por una actitud de un sesenta por ciento cristiana, encontraría en el bien y en la belleza el medio de mejorar su conducta.

-          ¿Por qué es usted tan religioso?

-          Por educación y por deseo propio. Muchas personas religiosas dejan de serlo entre los quince y los veinte años. Yo nunca tuve dudas. Sería feliz si me cortaran la cabeza por jurar mi adhesión a Cristo. Tal vez algún día me decida a dedicarme exclusivamente al amor de Dios.

-          ¿Cuáles son sus aspiraciones como autor?


-          Poder escribir dos poemas de cierta extensión, un poema religioso tomando como personajes a los cuatro elementos situados en Tabasco, y un poema – ambicioso también – sobre el valle de México.

-          ¿Está usted satisfecho con la obra que ha conseguido?

-          No, porque la comparo con la de otros poetas y veo que la mía tiene poco mérito.

-          ¿Es esa una respuesta sincera o falsamente modesta?

-          Bueno, si me obliga le diré que he escrito algunos poemas dignos de leerse.

-          ¿Cuáles a su juicio?

-          No sé cuáles; tengo más de diez libros y nunca he aprendido nada mío de memoria, aunque sí de otros poetas.

-          ¿Qué poesía se hace actualmente en México?

-          De todo: la poesía seudoclásica, la de tipo medio, la muy moderna en lo que se refiere a la forma. Hay poetas que están en todos los tonos. El poeta de nuestro tiempo rechaza la medida y la consonancia. Esta forma de versificación es la menos difícil. Carece casi totalmente de compromisos con el idioma. Digo casi porque un escritir tiene el compromiso de conocer su idioma. Las personas que escriben así piensan que están versificando, no hay tal. Escriben prosa. Esta forma debían adoptar, sin olvidarse de que Juan Ramón Jiménez escribió en prosa un libro profundamente poético: Platero y yo.
El verso es una entidad sonora. Tan pronto desaparece la cadencia inherente al verso, el verso se convierte en prosa. No es necesario una medida igual ni el uso de consonantes, sino una base rítmica. Los jóvenes prefieren escribir en “verso libre” y deducimos que o no quieren o no saben.

-          En su opinión, ¿Qué influencias extranjeras son las más notables en la poesía mexicana?

-          Muchos jóvenes afirman que recibieron la influencia de Whitman aunque jamás lo hayan leído; otros de Rilke, del que afortunadamente existen muchas traducciones al español. Este poeta, gracias particularmente a las editoriales argentinas, sé se ha divulgado entre nosotros. Es uno de los más grandes poetas que ha dado el mundo. En América tenemos mejores, pero como escriben en castellano y pertenecen a países subdesarrollados no se toman en consideración. Es innegable la influencia que ha ejercido Pablo Neruda.

-          ¿La poesía mexicana no influye a su vez en la extranjera?

-          Sobre grandes poetas de Sudamérica, poetas como Darío, Lugones, el mismo Chocano, hay momentos en que encontramos la huella de Díaz Mirón. Otros poetas también hallan eco en Sudamérica: Nervo, González Martínez.

-          ¿Usted?

-          No creo… Bueno, tal vez haya habido un ligero contacto con algunos poetas. Octavio Paz ha declarado públicamente que su primera influencia fue la mía; sin embargo, creo que trata de una gentileza de viejos amigos.

-          Para su gusto, ¿cuáles son los mejores poetas mexicanos?

-          Octavio Paz se ha hecho sentir. El mejor de México: José Gorostiza. Entre los más jóvenes, Jaime Sabines me gusta e interesa. Debo aclarar que admiro la obra de Rubén Bonifaz Nuño y la de Ramón Galguera; entre los aún más jóvenes cuento en primer lugar a José Emilio Pacheco, Marco Antonio Montes de Oca y Abigael Bohórquez, un sonorense sumamente valioso. Imposible no mencionar a Rosario Castellanos cuya obra resulta considerable.

Después Carlos Pellicer fijó su atención en el retrato que le hizo Rivera y volviéndose hacia mí comentó:

Retrato de Carlos Pellicer Cámara,
de Diego Rivera.
-          ¡Espléndido!, ¿verdad?








Tomado del libro “Palabra de Honor”, de Beatriz Espejo (1990)




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