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DE LA EPIGRAFÍA MAYA EN TABASCO

Las manifestaciones de la escritura proceden de las cultura sumeria y egipcia 5 mil años atrás. Existían varios sistemas de escritura: pictográfico, logográfico, silábico y alfabético, y que constan de dos componentes: el semántico (significado y concepción) y el fonético (sonidos). Cada sistema pone mayor o menor énfasis en uno de estos elementos. Cuatro de las culturas desarrolladas en mesoamérica poseían sistemas propios de escritura: zapoteca, maya, mixteca y náhuatl.


La escritura maya fue el sistema más complejo y el que más correspondencia con la lengua hablada. Parece haber surgido alrededor del 100 o 200 d.C, y según la mitología fue el Dios Itzamná quien la inventó. Las últimas expresiones se sitúan alrededor de 1696. Utilizaron diferentes soportes para plasmar la escritura y su historia escrita, como códices de papel, vasijas, textiles, pieles, estelas y altares de piedra, dinteles y cajas de madera, pendientes de hueso y hasta finas puntas de cola de mantarraya, ropas, tatuajes, entre otros. Cabe señalar que exceptuando elementos como las estelas y altares encontrados en asentamientos la escritura y las imágenes podían ser vistos por cualquier público, fue una élite la que tuvo la capacidad de escribir y leer los códices mayas. Los demás debían enterarse con pregones o voceros que transmitían de forma oral a los repoblados de las batallas, nacimientos, casamientos y rituales necesarios.

Un escribano maya era conocido como aj-ts'ibh', "el que escribe o pinta", título que es asociado a muchos textos. Lo identificaban entre otros con un pincel y un recipiente con tinta o pigmentos de colores. La escritura maya es un sistema mixto o logosilábico formado por dos tipos de signos: los logogramas (palabras completas) y los silabogramas o signos silábicos carentes de un significado semántico pero que representan sílabas. Estos se conforman por glifos colocados en grupos conocidos como cartuchos que se disponen en columnas dobles y se leen de izquierda a derecha, y de arriba a abajo. A la fecha se han identificado alrededor de 800 diferentes glifos con sus variantes, los cuales fueron plasmados en más de 10mil inscripciones ubicadas.

El auge de la cultura maya tuvo lugar en el periodo clásico (300-900 d.C.). Respecto al idioma que está representado en los glifos, estudios recientes comprueban que es una forma temprana de las lenguas cho'lti' y cho'rti'.


Los conquistadores europeos observaron que las culturas indígenas en tierra americana poseían sistemas de escritura, tal fue el caso del controvertido fray Diego de Landa que incineró grandes cantidades de manuscritos mayas en el llamado "auto de fe" en Maní, Yucatán, por considerarlas muestras de la idolatría de los mayas: "... y como no contenían nada que estuviera libre de superstición y de los engaños del diablo, los quemamos todos, con grandes lamentos y pesar en los indios..."


No obstante, el mismo fraile elaboró en 1566 un alfabeto de la lengua maya con auxilio de un informante nativo llamado Gaspar Antonio Chi. Este último comunicó al fray Diego de Landa datos sobre los signos para los días, meses y k'atunes (unidad de tiempo que corresponde a 7,200 días). Desafortunadamente este trabajo quedaría olvidado por tres siglos, hasta que el abate Charles Étienne Brasseur de Bourgbourg descubriera una copia del mismo e la Biblioteca de la Real Academia de Historia de Madrid, en 1862. Brasseur lo publica en 1864 para dar un giro a la interpretación de la cultura maya.


El estudio de la antigua escritura de estos pueblos, la epigrafía, ha recibido aportaciones de diversos académicos, como Sylvanus G. Morley, J. Eric S. Thompson, Heinrich Berlin (que identificó los glifos emblema de las ciudades), Yuri V. Knorosov (que inició la lectura silábico-fonética), Tatiana Proskouriakoff (descubridora de glifos de nacimiento y entronización de un gobernante, y que los textos se referían a historias de mujeres y hombres reales), Michel D. Coe, Floyd Lounsbury y Lynda Schele. Más recientemente han surgido interesantes grupos de epigrafistas de diversas nacionalidades y escuelas quienes están desen-trañando la historia de muchas ciudades mayas, sin mencionar el triste saqueo en los sitios, colecciones mayas clandestinas y subastas.

 TEXTOS HISTÓRICOS EN TABASCO>

Las lecturas epigráficas en los sitios mayas han permitido ubicar en el tiempo una serie de acontecimientos (entronización de gobernantes, guerras, alianzas, matrimonios entre distintos reinos y linajes, nacimiento o muerte de gobernantes) y ha facilitado conocer el nombre de sus deidades, fechas, celebraciones y las ofrendas que entregaban. En Tabasco la historia maya escrita se conserva en materiales de madera, concha, hueso y piedra en que los escribanos trazaron con gran maestría la historia de sus pueblos, de la cual ha sido interpretada una parte. Los seis glifos emblema identificados en sitios tabasqueños son Comalcalco, Pomoná, Tortuguero, Moral-Reforma, Yompik y Santa Elena.



En el sitio de Comalcalco se han encontrado tablillas y ladrillos de barro con inscripciones, el fragmento de una vasija de piedra y numerosos pendientes de hueso con glifos que cubren una historia escrita del año 561 hasta el 814 d.C. Recién se localizó al interior de la urna funeraria número 26 más de 280 glifos que en su mayoría refieren un periodo de la vida del sacerdote Aj Pakal Tahn. La historia escrita del sitio da cuenta del nombre de varios de sus gobernantes, destacando a Uux Hiix capturado en una batalla el 20 de diciembre del año 649 d.C., quedando el pueblo sujeto a B'aakel, el gran reino de Palenque. También se reveló que la epigrafía permitió conocer el nombre original del sitio en Comalcalco, antiguamente llamado Joy Chan, "Cielo anudado".


En el asentamiento del Tortuguero, en Macuspana, se descubrieron varios monumentos esculpidos en piedra. El primer registro epigráfico del sitio corresponde al 28 de febrero del 353 d.C., puntado en el monumento 6. En esa misma pieza se relata la dedicación de un baño de vapor o pib'naah, hecha para el señor B'ahlam Ajaw el 7 de diciembre del 510 d.C. Entre otros pasajes cuenta el nacimiento, ascensión al trono y las conquistas del rey guerrero, quien parece haber sido el conquistador de Comalcalco en el año 649 d.C.

 
En Pomoná, Tenosique, se localizaron varios paneles de piedra con inscripciones, como el llamado "Tablero de los Escribas", donde se puede observar el el glifo emblema del sitio. Otros paneles registran las celebraciones por el final de un k'atun, marcado en el panel "Y", un 24 de agosto de del año 593 d.C., y el señor "Nube Roja Jaguar" celebró el final del k'atun en un lugar llamado Ti'tziil. En el sitio arqueológico de Moral-Reforma, de Balacán, se obtuvieron diferentes altares circulares y estelas con inscripciones, una de ellas con la fecha 5 de abril del 662 d.C., día en que asciende al trono un rey en Calakmul, Campeche. 


En una cueva cercana al poblado del ejido Álvaro Obregón, se encontró la parte inferior de una caja de madera con textos jeroglíficos grabados en la superficie exterior, y refiere a un individuo relacionado con Teotihuacán y fechas del siglo VI d. C. Lo interesante de la pieza es que el estilo epigráfico coincide con materiales del siglo VIII d.C., por lo que los hechos que narra pudieran ser de 200 años antes. Lo monumentos inscritos encontrados en Santa Elena se relaciona al juego de pelota; e el monumento 1 se registra la ascención de un rey bajo la supervisión del señor de Palenque, cuyo hermano conquistaría este sitio de Tenosique en el año 659 d.C. 

 Es posible observar la exposición epigráfica de las piezas con escritura maya en los museos de sitio de Comalcalco y Pomoná, en el Museo Regional "Carlos Pellicer" en Villahermosa, en el Museo "Dr. José Gómez Panaco" en Balancán, y en el ejido Álvaro Obregón de Tenosique.




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BREVE HISTORIA PIRÁTICA DE LA PROVINCIA DE TABASCO

En 1557 los piratas ingleses iniciaron sus irrupciones en las costas tabasqueñas, convirtiéndose durante 234 años en un verdadero azote para la provincia de Tabasco. Hasta que por causa de sus constantes ataques, un grupo de habitantes de Santa María de la Victoria decidieron trasladarse río arriba por el Grijalva, hasta un lugar llamado “Tres lomas”, fundaron el 24 de junio de 1557 la villa de San Juan Bautista. En esos días gobernaba Tabasco como Alcalde Mayor Marcos de Ayala Trujeque.


En 1560 es nombrado por el Rey el Dr. Diego de Quijada como Alcalde Mayor de Tabasco, quien arribó a Santa María de la Victoria en 1562. En 1564, el español Diego de Quijada remonta el río Grijalva llegando el 24 de junio hasta el punto llamado “Tres lomas” y que los habitantes habían bautizado como San Juan Bautista, fundando oficialmente la ciudad de Villahermosa con el nombre de Villa Carmona. En una carta enviada al rey de España, con fecha 10 de febrero de 1565, Diego de Quijada, le informa:

“… el tiempo que estuve ahí en Tabasco conocí a unos españoles casados o solteros, héles mandado recoger en un muy buen asiento que está a veinte leguas de Santa María de la Victoria en el mismo río Grijalva, y allí tracé el pueblo y di solares y títulos de estancias y tierras… Intitulé al pueblo como villa Carmona, porque tiene una vega que parece a la de Carmona, España (…) igualmente tracé la Plaza de Armas sobre una loma a la que intitulé “de la Eminencia”, desde donde se divisa muy bien el río (…) En ella hay mucha caza de venados y conejos y patos grandes, y mucha cantidad de pescado y buenas aguas y mucha leña. Entendido tengo que este pueblo irá cada día en aumento y permanecerá por él aquella provincia…”

Dos años más tarde recibieron el permiso real de Felipe II, donde aprueba su fundación, y en 1598 el mismo Felipe II le otorga a la ciudad el título de “Villa Hermosa”, de San Juan Bautista y le concede un escudo de armas de los más antiguos de América, que aún identifica a Tabasco.

El Rey Felipe II de España otorgó a la ciudad de San Juan Bautista el título de “Villa Hermosa”, así como un escudo real. Entre 1596 y 1598, siendo Alcalde Mayor de Tabasco, don Lázaro Suárez de Córdova, quien continuaba despachando en Santa María de la Victoria, informa que debido a que los corsarios estuvieron muy activos contra Tabasco, manda construir en San Juan Bautista la “Casa fuerte” o Almacén Real a fin de defender la población y salvaguardar los caudales reales.

Celebración de la que fue la primera misa cristiana en territorio continental de México, llevada a cabo en la población maya de Potonchán, hoy municipio de Centla, Tabasco, bautizada como Santa María de la Victoria el 17 de abril de 1519 durante el viaje de Hernán Cortés. Oficiada por Fray Bartolomé de Olmedo y el clérigo Juan Díaz, en aquella misa se bautizaron 20 indígenas, entre ellas la célebre Malintzin a la que se la puso por nombre Marina.

Debido a los continuos ataques de los piratas, en el que destaca el terrible ataque de 1597 donde piratas holandeses destruyen e incendian totalmente Santa María de la Victoria, en 1604 el Alcalde Mayor de Tabasco, Juan de Miranda, solicita el Virrey marqués de Montesclaros, Juan de Mendoza y Luna, que los poderes de la provincia sean cambiados a San Juan Bautista.

Como los ataques piratas no cesaban y continuamente destruían y saqueaban la villa de Santa María de la Victoria, en el año de 1619 vuelve a gestionarse el cambio de los poderes de la provincia a San Juan Bautista ante el marqués de Guadalcazar, Diego Fernández de Córdoba, autorizándolo con fecha 3 de diciembre de ese mismo año, sin embargo, el traslado no se realizó debido a que muchos vecinos no quisieron abandonar santa María de la Victoria.

Es hasta el 3 de febrero de 1641 que el Virrey Diego López Pacheco Cabrera y Bobadilla firma un decreto por medio del cual se cambian los poderes de la provincia, de la villa de Santa María de la Victoria a San Juan Bautista (hoy Villahermosa), confirmando el decreto por el Alcalde Mayor de Tabasco, Simón Rodríguez, el 6 de junio. El traslado de los poderes se realizó el 24 de junio de 1641.

A principios de 1677, siendo Alcalde Mayor Diego de Loyola, Villahermosa es atacada por corsarios ingleses con una ferocidad desmedida, saqueando e incendiando la población, por lo que las autoridades se vieron obligadas a abandonar la ciudad, estableciendo el gobierno en la Villa de Tacotalpa.

Con fecha 21 de junio de ese mismo año, el Alcalde Mayor de Tabasco, informaba al Virrey que “el temor poas invasiones piratas había provocado el despoblamiento de pueblos enteros como Cunduacán, y que Villahermosa, que era la capital, se había despoblado también”.

Laurens de Graff, español.
El pirata Laurens de Graff, mejor conocido como “Lorencillo”, se convirtió en un verdadero azote para la provincia de Tabasco, atacando sobre todo la zona de la Chontalpa. En 1680 y 1689, las incursiones de piratas ingleses al mando del Laurens de Graff, alias Lorencillo, se convirtieron en una calamidad para los pueblos de la Chontalpa. Los piratas entraban por los ríos Dos Bocas y González, llegando a poblaciones como Jalpa, Nacajuca, Huimango y mucho más, las cuales saqueaban e incendiaban.

Para 1688, Villahermosa estaba bien protegida con vigías, trincheras y fortificaciones, lo que le permitió mantenerse libre de ataques por algunos años.

Para 1702, se organizó en Villahermosa una expedición al mando del cabo Archivaldo Magdonel, con 128 voluntarios, a los que se les proporcionaron municiones y bastimentos, una lancha y seis piraguas, para atacar a los piratas en la Isla del Carmen, la expedición logró derrotar y apresar a un gran número de piratas.

Sin embargo, en junio de 1711, Villahermosa es atacada en forma despiadada por los corsarios ingleses, quienes incendian el Almacén Real, que era la Casa de Gobierno, los defensores tuvieron que refugiarse en el Fortín de la Encarnación, que resistió el ataque pero los piratas incendiaron muchas casas dejando la población en ruinas.

Río Seco, Paraíso (1912).
Fue hasta julio de 1717 cuando fuerzas tabasqueñas, al mando del Alcalde Mayor Alonso Felipe Andrade y del capitán Juan de Amesto, a quien se le unieron fuerzas de Veracruz, lograron derrotar y expulsar a los piratas de la Isla de Tris (Isla del Carmen), fundando ahí el puesto militar de Nuestra Señora del Carmen.
En 1757 de nuevo se registran ataques piratas en las costas de Tabasco, pero para ese entonces ya las autoridades tenían mejores recursos para defenderse, por lo que fueron repelidos.

Pero en 1765, los habitantes de la Chontalpa concretamente de las poblaciones de Cunduacán, Jalpa y Huimanguillo, cansados de los ataques, decidieron desviar las aguas del río Mezcalapa hacia el oriente para conectarlo con el Samaria y el Carrizal, lo que prácticamente secó el brazo del río que desaguaba en Dos Bocas, llamándose desde entonces “río Seco”.


Después de 139 años, en enero de 1795, el Virrey Miguel de la Grúa Talamanca autoriza el cambio de los poderes de la Provincia de Tabasco de Tacotalpa a Villahermosa de San Juan Bautista, llevándose a efecto el lunes 15 de agosto de ese año. Termina así en definitiva la etapa pirática en los costas del Golfo de México, que tanto daño hicieron a la provincia de Tabasco.

Villahermosa de San Juan Bautista.
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BREVE HISTORIA DE LA FERIA TABASCO



La Feria Tabasco es la fiesta estatal más importante del estado mexicano de Tabasco y es catalogada como una de las tres más importantes de México al registrar 2 millones 122 mil visitantes en el 2012. Se realiza entre los meses de abril y mayo de cada año; sus antecedentes datan de 1880 y fue instituida en 1928 por el ex gobernador Tomás Garrido Canabal. Esta festividad es de tipo cultural, artística, comercial, turística, industrial, agrícola y ganadera.

Desde 1953 se realiza también, en conjunto con las exposiciones, el Baile de Embajadoras, en el que se lleva a cabo la “Elección de La Flor de Oro”; en el cual 17 representantes (las embajadoras) una por cada municipio del estado, compiten por el título de La “Flor de Oro” del estado. La triunfadora, además de ser la “Reina de la feria”, se convierte en una de las imágenes de Tabasco y también promueve la Feria del próximo año.

Uno de los más importantes eventos de esta Feria lo constituye su desfile de carros alegóricos que se realiza por las calles de Villahermosa, donde cada municipio exhibe un carro con alegorías de su municipio y las embajadoras son paseadas por la ciudad ataviadas con trajes típicos. Lo mismo sucedía sobre las aguas del río Grijalva, donde se realizaba el desfile de los barcos alegóricos igualmente adornados, frente al malecón de la ciudad de Villahermosa.



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DE LA EVOLUCIÓN GASTRONÓMICA, EL ESTRUCTURALISMO EN LA COCINA Y LAS NUEVAS TENDENCIAS

En cocina, hoy el “producto” es el único, verdadero producto protagonista: incluso los más grandes chefs parecen desdeñar cualquier tipo de elaboración. Una excelente razón, ésta, para interesarse por el modo en que es transformado el producto, a los vínculos entre innovación del utillaje, práctica del oficio y evolución del gusto: con demasiada frecuencia se tiende a creer que todo esto se modifica siguiendo exclusivamente una lógica; la cuestión, evidentemente, es más compleja.

La innovación técnica constituyó durante muchí-simo tiempo un hecho raro, mientras que la práctica se mantenía en el surco de la rutina. Incluso si nos limitáramos al caso de la cocina tabasqueña, no habría que olvidar la adopción en siglos pasados de la cocina española y cubana, que permitieron conocer sabores, guisos  y la construcción “estructuralista” de la cocina actual en nuestra región. No habría, sin duda, podido salir a la luz tamales con carne de cerdo o el picadillo de pavo. Pero más aún, en ausencia de fuentes de calor controlables y una adecuada altura de apoyo; sin la presencia de fuegos múltiples hubiera sido impensable realizar simultáneamente una cierta cantidad de operaciones diversas.

Sin la posibilidad de controlar la temperatura, la difícil técnica del ligado es muy probable que nunca hubiera sido puesta a punto. Este último ejemplo nos demuestra, por otra parte, la ejecución de una especie de cadena casual: una evolución del utillaje permitió un cambio de la práctica, que a su vez induce una modificación del gusto (en su sentido gustativo, pero también estético). Pero este mecanismo evolutivo puede también actuar al revés: una diferente relación con la comida favorece el nacimiento de nuevas técnicas o la recuperación de técnicas más antiguas. La innovación, en cualquier caso, no lo es todo: si no, según el ejemplo citado la cocina tabasqueña sería comida española (o viceversa).

No se trata de presentar aquí una panorámica exhaustiva de las formas en que las técnicas culinarias han modificado nuestro gusto, sea por la evolución de los materiales, sea por la de las prácticas; no obstante, algunas de estas técnicas nos pueden iluminar sobre los lazos que vinculan el gusto con la tecnología. En china, la dificultad de conseguir combustible se halla sin duda tras el origen del wok y de la necesidad de preparar la comida en pequeños bocados (si bien esta práctica ha sido asociada a consideraciones relacionadas con la buena crianza): nació así una técnica de cocción rápida que se diferencia muy claramente de las costumbres occidentales.

Hace poco más de 30 años, la Nouvelle Cuisine des-cubría a través de las batidoras, molinillos, tritu-radoras y otros aparatos las armas para se revolución gustativa: ligados magros, mousses de todo tipo, etc… Al mismo tiempo el ama de casa realizaba, gracias a la sartén Téfal, cocciones casi privadas de grasa. Jacques Manière alababa la cocción al vapor, bien conocida en otras tierras. Estas innovaciones técnicas permitieron la evolución de una cocina “ligera”, emblemática de aquellos años.


Hoy, la cocina tabasqueña también seduce con sus platos en los que se pone en juego muchos tipos de nuevas técnicas, algunas muy sofisticadas y otras tradicionales y rudimentarias. Si bien es cierto que estos métodos tienen pocas posibilidades de poder ser aplicados ya mañana en nuestras cocinas, la influencia de algunos chefs locales y su creatividad ejerce bastante más allá de las fronteras de su país nos hace presagiar que pronto o tarde, gracias a imitaciones o a la industria alimentaria, nuestros paladares conocerán las mismas nuevas consistencias, los mismos alimentos deconstruidos/reconstruidos. Hay algunos que presumen de la “neo-cocina”, en la cual se aplican a las cacerolas métodos de laboratorio, en el ámbito de una investigación incansable realizada en compañía de amigos cocineros, reposteros o pasteleros.



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DEL 117 ANIVERSARIO DEL NATALICIO DE CARLOS PELLICER CÁMARA, EL MERECIDO HOMENAJE

Con motivo del 117 aniversario de su natalicio, el jueves 16 de enero de 2014 en la explanada del Museo Regional de Antropología ‘Carlos Pellicer Cámara’, se realizó el homenaje anual al ‘Poeta de América’, en punto de las 9:00 de la mañana. 



Con honores a nuestra enseña nacional fue como inició el homenaje a uno de los más ilustres tabasqueños, a cargo del 37 Batallón de Infantería, ante la presencia de varias autoridades y personajes de la cultura estatal.

El discurso oficial estuvo a cargo del Lic. Jorge Priego Martínez, director del Archivo Histórico del Poder Ejecutivo en Tabasco, quien manifestó que siempre hemos pensado y externado que es gratificante que se le rinda homenaje cada año a Carlos Pellicer Cámara, con motivo de su natalicio, como en esta ocasión, y que se le recuerde con especial cariño en el aniversario de su sentido fallecimiento. “Lo menos que puede hacer el pueblo de Tabasco, con uno de los más grandes y amorosos de sus hijos, es agradecerle todo lo que hizo a favor de la tierra o el agua, como gustaba decir, que lo vio nacer”.

Asimismo, aseveró que se considera afortunado, porque tuvo el privilegio de conocerlo y de ser honrado con su amistad y su afecto, “por ello es que supe valorarlo en vida, porque fui testigo de muchas acciones generosas de su parte”, aseguró.

“Si como poeta puso en alto el nombre de Tabasco puesto que siempre se sintió orgulloso de la tierra donde vio la luz primera, la integración que hiciera del magnífico museo regional de antropología que hoy lleva su ilustre nombre, y del justamente famoso universalmente, que el catalogó como ‘Parque Museo Poema de La Venta’, brindando a su natal Villahermosa, los más importantes lugares de interés para el turismo nacional e internacional y, por si fuera poco, el nombre de ‘su agua’ y no ‘su tierra’, como él llamaba a Tabasco, está presente en muchos de sus más importantes poemas como el Romance de Tilantongo y el Discurso por las flores”, además de haberle dedicado Cuatro cantos en mi tierra y El canto del Usumacinta, al que consideraba uno de sus poemas ‘menos imperfectos’.

Al mismo tiempo, enfatizó que por lo antes mencionado y muchas cosas más, como la de ofrecer fianzas personales a humildes campesinos tabasqueños para que obtuvieran su libertad por delitos menores, es que Pellicer se ganó a pulso el reconocimiento del pueblo y el gobierno del estado, por lo que año con año nos reunimos en su nombre a rendirle culto a la poesía.

“Y para terminar, diré nuevamente: ¡Qué bueno que cada año se recuerde a El Poeta de América! Estamos completamente seguros de que el mayor y mejor de los homenajes que podemos hacerle a nuestro ilustre coterráneo, es leerlo para gozar de su excelsa poesía”, culminó Priego Martínez.   

El Lic. Laureano Naranjo Cobian, leyó con especial énfasis el fragmento de uno de los poemas más representativos de Pellicer Romances de Tilantongo. Igualmente, “Santanera” y “Mis blancas mariposas”, fueron algunas de las melodías que ejecutó la marimba del Gobierno del Estado, bajo la dirección de Raúl Guzmán Morales.

Esta actividad fue organizada por el Gobierno del Estado de Tabasco, a través de la Dirección General de Acción Cívica y Cultural y el Instituto Estatal de Cultura (IEC). 



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LA ÚLTIMA ENTREVISTA DE BEATRIZ ESPEJO A CARLOS PELLICER


"Convencer a la nube 
del riesgo de la altura y de la aurora, 
que no es el agua baja la que sube 
sino la plenitud de cada hora..."

Fragmento de 'Invitación al paisaje'.

Carlos Pellicer nació en Villahermosa, Tabasco, y murió en la ciudad de México. Estudió en la Preparatoria Nacional y en Colombia, enviado por el gobierno de Venustiano Carranza. Quizá de entonces partió su profundo bolivarismo. Fue cofundador de la revista San-Ev-Ank y de un nuevo Ateneo de la Juventud que no tuvo mayores repercusiones. Fue secretario de Vasconcelos y miembro de las juventudes vasconcelistas. Junto con Lombardo Toledano, Diego Rivera, José Clemente Orozco y Xavier Guerrero fundó el Grupo Solidario del Movimiento Obrero. Colaboró en las revistas Falange (1922-1923), Ulises (1927-1928) y Contemporáneos (1928-1931). Fue también profesor de la preparatoria y la universidad, y director del Departamento de Bellas Artes. A su amor por los museos se deben el de Frida Kahlo, el de la Venta de Villahermosa, el Anahuacalli, el de Tepoztlán, Morelos, entre otros. En 1976 entró al PRI y al Senado de la República. Coautor de El trato con escritores (1961); autor de Colores en el mar y otros poemas (1924), Piedra de sacrificios (1924), Seis, siete poemas (1924), Oda de junio (1924), Hora y 20 (1927), Camino (1929), Cinco poemas (1931), Esquemas para una oda tropical (1933), Estrofas al mar marino (1934), Hora de junio (1941), Discurso por las flores (1946), Subordinaciones (1949), Sonetos (1950), Práctica de vuelo (1956), Material poético (1918-1961), Dos poemas (1962), Con palabras y fuego (1963), Teotihuacan y 13 de agosto; Ruina de Tenochtitlán (1965), Bolívar, ensayo de biografía popular (1966), Noticias sobre Netzahualñcóyotl y algunos sentimientos (1972), Cuerdas, percusión y alientos (1976). Después de su muerte han desaparecido publicaciones que dejó dispersas: Reincidencias (1978), Cosillas para el nacimiento (1978), Cartas desde Italia 1985), Cuaderno de viaje (1987). Juan José Arreola se encargó de cuidar la edición de Material poético y Luis Mario Schneider la de Obras. 

Beatríz Espejo,
escritora mexicana.
Lo conocí por una circunstancia feliz. Todo México sabía que Pellicer – poeta de la grandeza americana, de las flores exultantes, de las nubles, del agua, del sol implacable y renovador, de los límites; poeta que miraba el mundo con ojos de poeta- para las navidades montaba en su casa un nacimiento cada año distinto. Se trataba de verdaderas obras del arte efímero y las mostraba sin mayores preámbulos a quienes así lo solicitaran. Un grupo de adolescentes llamamos a su puerta. Nos condujo por unas escalerillas hacia lo que había sido la cochera y entonces era ya un nicho museográfico que reconstruía el paisaje tabasqueño, un claro en la selva donde cercanos al establo ancestral se congregaban casitas de carrizos, ríos de papel aluminio, lagunas de espejos, palmeras, pericos, monos, caimanes, helechos, plátanos, anacondas en miniatura. Accionó los controles y el escenario fue iluminándose en una secuencia paulatina que figuraba los primeros dolores del parto hasta el alumbramiento. El cielo raso se poblaba de estrellas, luceros, constelaciones. Y la música creciente cantaba a pleno pulmón la llegada del Mesías, la adoración de los pastores, la solidaridad del burro y la vaca, el arrobo de los seres todos que presenciaban el prodigio luego, lentamente según empezara, sonaba la última nota del concierto porque la historia se había contado.

Lo conocí también gracias a la generosidad con que trataba a los jóvenes editores de publicaciones literarias. Para la revista El rehílete le pedí una entrevista que me concedió y uno de esos sonetos suyos admirables. Me lo dio sin falta y de manera gratuita a pesar de que como es claro cobraba bien sus colaboraciones. Esa visita que empezó a las seis de la tarde e iba a ser breve se prolongó porque algunas palabras mías lo incitaron a instalarme en un sofá Reina Ana, herencia de doña Deifilia Cámara, con el propósito de explicarme las perfecciones de una marina colgada en la pared de enfrente. A su calidez unió su sabiduría de crítico interesada en las artes plásticas y su amor por la belleza y me señaló los empastes, la gradación de colores, la turbulencia de las olas que Velasco supo imprimir en la tela. Cerca había un retrato y una escultura en bronce de Pellicer hechos por Diego Rivera y Hoffman Isembourg respectivamente, y una pintura de Orozco que representaba a dos parejas abrazadas al ritmo de danza.

Nuestros encuentros se multiplicaron. Solía rodearse de discípulos queridos entre los que recuerdo a Dionisio Morales, Abigael Bohórquez, Carlos Eduardo Turón, Guillermo Fernández y José Carlos Becerra. Algunas veces me uní al grupo, nos invitaba chocolate en jícara ahumada y hacía de aquel asunto tan serio un rito en el cual él oficiaba y nosotros servíamos de monaguillos. Por razones amables me decía cosas aduladoras que yo tomaba como tales, aunque henchida de agradecimiento y desde el fondo de mi corazón que apenas abría sus alas de mariposa. Gracias a todo esto y porque Emmanuel Carballo y yo hemos sido sus admiradores firmes, cuando nació nuestro hijo Francisco viajamos a Tepoztlán, nos hospedamos en casa de nuestros amigos Daniel y Martha Dueñas, decidimos registrar al niño en ese pueblo mágico y que Pellicer fuera testigo. ¿Quién mejor? Aceptó contento y con el regalo de su afecto y el timbre sonoro de su voz, con su vestimenta habitual de los últimos años (camisa de algodón, pantalón de dril y huaraches franciscanos), estampó su firma en el acta.

En la última ocasión que nos vimos personalmente se comunicó con Emmanuel y le dijo que quería confiarle pormenores desconocidos del novizgo entre Margarita Quijano y Ramón López Velarde y que nos convidaba a merendar. Nos presentamos puntuales, grabadora en mano. Emmanuel como entrevistador, yo como espectadora. Pasamos a una salita y el poeta se propuso mostrarnos sus recientes descubrimientos arqueológicos depositados en vitrinas iluminadas, numerosos juguetes que probaban – según él – que la rueda era ya usada por los antiguos mexicanos aunque todavía no en labores agrícolas. Nos enseñó collares de cristal, perrillos de jade, ranas de alabastro y a cada exclamación, divertido, extraía de sus unas máscaras y medallones que aumentaban nuestro asombro. (Sus detractores afirmaban que muchas de esas piezas era apócrifas y que Pellicer compraba figurillas prehispánicas al gusto propio, apenas salidas del torno y del horno). Auténticas o no, resultaban auténticas maravillas que trataba con exquisita cortesía. Al cabo de una hora busqué lugar donde sentarme y encontré la orilla de un sillón próximo. Apresurado, Pellicer interrumpió sus exhibiciones para decirme con sus frases llenas de resonancias que cuidara de no apachurrarle un Miró y un efecto, tras mi espalda, sacó una litografía sin enmarcar y una de Picasso y las hacinó junto a otras muchas sobre el suelo y contra un muro.

La grabación fue larga y en ella quedó la idea de que Margarita Quijano nunca casó porque había hecho votos de monja laica; pero lo más importante de aquella entrevista última que le hizo Emmanuel fue el análisis que Pellicer dejó de su propia obra y la de sus contemporáneos. Modesto, sin demasiada modestia; gentil y comunicativo, acabó enseñándonos su dormitorio, casi una celda conventual por su pequeñez, su frugalidad, por una Biblia de tapas gastadas que se hallaba sobre la cama. (Hoy se ha trasplantado con Biblia y todo a su casa de Tabasco convertida en museo).

A tiempo llegó la merienda, el consabido chocolate y los tamales de pejelagarto enviados de su tierra, y la conversación animada en la cual salieron a relucir muchos nombres y muchas anécdotas, el doctor Atl que lo visitó en Tepoztlán un fin de semana y se quedó dos años, Julio Castellanos autor de numerosos cuadros colgados en el comedor, y Manuel Rodríguez Lozano, Xavier Villaurrutia, Jorge Cuesta, Genaro Estrada, los hermanos Magdaleno a quienes dedicó poemas espléndidos en Hora de Junio. Y algo que nunca olvidaré. La razón de aquella cita. Carlos Pellicer empezaba a pensar que su partida se acercaba y decidió tomar las cosas con calma para despedirse de sus amigos. La semana pasada había subido al Izta; la semana siguiente subiría al Popo. Esa noche nos decía adiós a nosotros. Y mientras lo decía no sentí el nudo en la garganta que se hubiera esperado, sino más bien una impresión gozosa como de saludo. Supe siempre que iba a reencontrarlo desde la ventanilla de un avión, en alguna barca del río Grijalva, en algún pueblecito de los Andes.

-          Maestro, ¿cuándo empezó usted a escribir?

-          A los 11 años. Crecí en el culto a los héroes; mi padre adoraba a Juárez; mi madre a Hidalgo. Y lo primero que escribí fue un pequeño poema de dos o tres estrofas a Hidalgo. Más tarde, a los 15, me impresioné con una fotografía y escribí un poema al paisaje acuático. La naturaleza me había capturado para siempre.

-          ¿Qué es la poesía?

-          Es el apoyo más importante de mi vida, después de la religión cristiana que tiene toda la esencia poética. Cristo hablaba en parábolas llenas de poesía. A la religión se une la belleza y el bien. Un alemán, Nietzsche, que naturalmente murió loco…

-          ¿Por ser alemán?

-          No, por ser un gran poeta. Nietzsche escribió que el cristianismo era una religión para esclavos. Yo la siento llena de alegría. Dice que hay cosas que no deben hacerse, pero no por eso niega la infinita bondad de Dios.

-          Sin embargo, ¿cómo definiría usted la poesía?

-          Nunca he pretendido definirla sino sentirla.

-          ¿Cómo debe ser un buen poeta? ¿Qué cánones estéticos debe seguir?

-          Ninguno. La poesía fundamentalmente es libertad de sentir y amar a la belleza y el bien. La poesía debe estar siempre ligada a los valores más altos del espíritu. El drama ateniense lleno de horror nos está diciendo, por horror mismo, la necesidad del bien. No son posibles más horrores que los que se escribieron los griegos o Shakespeare, pero cuando asistimos a la tragedia de Macbeth, por ejemplo, inferimos lo bueno que sería la no existencia de la traición sobre la tierra. Si el mundo se rigiera por una actitud de un sesenta por ciento cristiana, encontraría en el bien y en la belleza el medio de mejorar su conducta.

-          ¿Por qué es usted tan religioso?

-          Por educación y por deseo propio. Muchas personas religiosas dejan de serlo entre los quince y los veinte años. Yo nunca tuve dudas. Sería feliz si me cortaran la cabeza por jurar mi adhesión a Cristo. Tal vez algún día me decida a dedicarme exclusivamente al amor de Dios.

-          ¿Cuáles son sus aspiraciones como autor?


-          Poder escribir dos poemas de cierta extensión, un poema religioso tomando como personajes a los cuatro elementos situados en Tabasco, y un poema – ambicioso también – sobre el valle de México.

-          ¿Está usted satisfecho con la obra que ha conseguido?

-          No, porque la comparo con la de otros poetas y veo que la mía tiene poco mérito.

-          ¿Es esa una respuesta sincera o falsamente modesta?

-          Bueno, si me obliga le diré que he escrito algunos poemas dignos de leerse.

-          ¿Cuáles a su juicio?

-          No sé cuáles; tengo más de diez libros y nunca he aprendido nada mío de memoria, aunque sí de otros poetas.

-          ¿Qué poesía se hace actualmente en México?

-          De todo: la poesía seudoclásica, la de tipo medio, la muy moderna en lo que se refiere a la forma. Hay poetas que están en todos los tonos. El poeta de nuestro tiempo rechaza la medida y la consonancia. Esta forma de versificación es la menos difícil. Carece casi totalmente de compromisos con el idioma. Digo casi porque un escritir tiene el compromiso de conocer su idioma. Las personas que escriben así piensan que están versificando, no hay tal. Escriben prosa. Esta forma debían adoptar, sin olvidarse de que Juan Ramón Jiménez escribió en prosa un libro profundamente poético: Platero y yo.
El verso es una entidad sonora. Tan pronto desaparece la cadencia inherente al verso, el verso se convierte en prosa. No es necesario una medida igual ni el uso de consonantes, sino una base rítmica. Los jóvenes prefieren escribir en “verso libre” y deducimos que o no quieren o no saben.

-          En su opinión, ¿Qué influencias extranjeras son las más notables en la poesía mexicana?

-          Muchos jóvenes afirman que recibieron la influencia de Whitman aunque jamás lo hayan leído; otros de Rilke, del que afortunadamente existen muchas traducciones al español. Este poeta, gracias particularmente a las editoriales argentinas, sé se ha divulgado entre nosotros. Es uno de los más grandes poetas que ha dado el mundo. En América tenemos mejores, pero como escriben en castellano y pertenecen a países subdesarrollados no se toman en consideración. Es innegable la influencia que ha ejercido Pablo Neruda.

-          ¿La poesía mexicana no influye a su vez en la extranjera?

-          Sobre grandes poetas de Sudamérica, poetas como Darío, Lugones, el mismo Chocano, hay momentos en que encontramos la huella de Díaz Mirón. Otros poetas también hallan eco en Sudamérica: Nervo, González Martínez.

-          ¿Usted?

-          No creo… Bueno, tal vez haya habido un ligero contacto con algunos poetas. Octavio Paz ha declarado públicamente que su primera influencia fue la mía; sin embargo, creo que trata de una gentileza de viejos amigos.

-          Para su gusto, ¿cuáles son los mejores poetas mexicanos?

-          Octavio Paz se ha hecho sentir. El mejor de México: José Gorostiza. Entre los más jóvenes, Jaime Sabines me gusta e interesa. Debo aclarar que admiro la obra de Rubén Bonifaz Nuño y la de Ramón Galguera; entre los aún más jóvenes cuento en primer lugar a José Emilio Pacheco, Marco Antonio Montes de Oca y Abigael Bohórquez, un sonorense sumamente valioso. Imposible no mencionar a Rosario Castellanos cuya obra resulta considerable.

Después Carlos Pellicer fijó su atención en el retrato que le hizo Rivera y volviéndose hacia mí comentó:

Retrato de Carlos Pellicer Cámara,
de Diego Rivera.
-          ¡Espléndido!, ¿verdad?








Tomado del libro “Palabra de Honor”, de Beatriz Espejo (1990)




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