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DE LA EPIGRAFÍA MAYA EN TABASCO

Las manifestaciones de la escritura proceden de las cultura sumeria y egipcia 5 mil años atrás. Existían varios sistemas de escritura: pictográfico, logográfico, silábico y alfabético, y que constan de dos componentes: el semántico (significado y concepción) y el fonético (sonidos). Cada sistema pone mayor o menor énfasis en uno de estos elementos. Cuatro de las culturas desarrolladas en mesoamérica poseían sistemas propios de escritura: zapoteca, maya, mixteca y náhuatl.


La escritura maya fue el sistema más complejo y el que más correspondencia con la lengua hablada. Parece haber surgido alrededor del 100 o 200 d.C, y según la mitología fue el Dios Itzamná quien la inventó. Las últimas expresiones se sitúan alrededor de 1696. Utilizaron diferentes soportes para plasmar la escritura y su historia escrita, como códices de papel, vasijas, textiles, pieles, estelas y altares de piedra, dinteles y cajas de madera, pendientes de hueso y hasta finas puntas de cola de mantarraya, ropas, tatuajes, entre otros. Cabe señalar que exceptuando elementos como las estelas y altares encontrados en asentamientos la escritura y las imágenes podían ser vistos por cualquier público, fue una élite la que tuvo la capacidad de escribir y leer los códices mayas. Los demás debían enterarse con pregones o voceros que transmitían de forma oral a los repoblados de las batallas, nacimientos, casamientos y rituales necesarios.

Un escribano maya era conocido como aj-ts'ibh', "el que escribe o pinta", título que es asociado a muchos textos. Lo identificaban entre otros con un pincel y un recipiente con tinta o pigmentos de colores. La escritura maya es un sistema mixto o logosilábico formado por dos tipos de signos: los logogramas (palabras completas) y los silabogramas o signos silábicos carentes de un significado semántico pero que representan sílabas. Estos se conforman por glifos colocados en grupos conocidos como cartuchos que se disponen en columnas dobles y se leen de izquierda a derecha, y de arriba a abajo. A la fecha se han identificado alrededor de 800 diferentes glifos con sus variantes, los cuales fueron plasmados en más de 10mil inscripciones ubicadas.

El auge de la cultura maya tuvo lugar en el periodo clásico (300-900 d.C.). Respecto al idioma que está representado en los glifos, estudios recientes comprueban que es una forma temprana de las lenguas cho'lti' y cho'rti'.


Los conquistadores europeos observaron que las culturas indígenas en tierra americana poseían sistemas de escritura, tal fue el caso del controvertido fray Diego de Landa que incineró grandes cantidades de manuscritos mayas en el llamado "auto de fe" en Maní, Yucatán, por considerarlas muestras de la idolatría de los mayas: "... y como no contenían nada que estuviera libre de superstición y de los engaños del diablo, los quemamos todos, con grandes lamentos y pesar en los indios..."


No obstante, el mismo fraile elaboró en 1566 un alfabeto de la lengua maya con auxilio de un informante nativo llamado Gaspar Antonio Chi. Este último comunicó al fray Diego de Landa datos sobre los signos para los días, meses y k'atunes (unidad de tiempo que corresponde a 7,200 días). Desafortunadamente este trabajo quedaría olvidado por tres siglos, hasta que el abate Charles Étienne Brasseur de Bourgbourg descubriera una copia del mismo e la Biblioteca de la Real Academia de Historia de Madrid, en 1862. Brasseur lo publica en 1864 para dar un giro a la interpretación de la cultura maya.


El estudio de la antigua escritura de estos pueblos, la epigrafía, ha recibido aportaciones de diversos académicos, como Sylvanus G. Morley, J. Eric S. Thompson, Heinrich Berlin (que identificó los glifos emblema de las ciudades), Yuri V. Knorosov (que inició la lectura silábico-fonética), Tatiana Proskouriakoff (descubridora de glifos de nacimiento y entronización de un gobernante, y que los textos se referían a historias de mujeres y hombres reales), Michel D. Coe, Floyd Lounsbury y Lynda Schele. Más recientemente han surgido interesantes grupos de epigrafistas de diversas nacionalidades y escuelas quienes están desen-trañando la historia de muchas ciudades mayas, sin mencionar el triste saqueo en los sitios, colecciones mayas clandestinas y subastas.

 TEXTOS HISTÓRICOS EN TABASCO>

Las lecturas epigráficas en los sitios mayas han permitido ubicar en el tiempo una serie de acontecimientos (entronización de gobernantes, guerras, alianzas, matrimonios entre distintos reinos y linajes, nacimiento o muerte de gobernantes) y ha facilitado conocer el nombre de sus deidades, fechas, celebraciones y las ofrendas que entregaban. En Tabasco la historia maya escrita se conserva en materiales de madera, concha, hueso y piedra en que los escribanos trazaron con gran maestría la historia de sus pueblos, de la cual ha sido interpretada una parte. Los seis glifos emblema identificados en sitios tabasqueños son Comalcalco, Pomoná, Tortuguero, Moral-Reforma, Yompik y Santa Elena.



En el sitio de Comalcalco se han encontrado tablillas y ladrillos de barro con inscripciones, el fragmento de una vasija de piedra y numerosos pendientes de hueso con glifos que cubren una historia escrita del año 561 hasta el 814 d.C. Recién se localizó al interior de la urna funeraria número 26 más de 280 glifos que en su mayoría refieren un periodo de la vida del sacerdote Aj Pakal Tahn. La historia escrita del sitio da cuenta del nombre de varios de sus gobernantes, destacando a Uux Hiix capturado en una batalla el 20 de diciembre del año 649 d.C., quedando el pueblo sujeto a B'aakel, el gran reino de Palenque. También se reveló que la epigrafía permitió conocer el nombre original del sitio en Comalcalco, antiguamente llamado Joy Chan, "Cielo anudado".


En el asentamiento del Tortuguero, en Macuspana, se descubrieron varios monumentos esculpidos en piedra. El primer registro epigráfico del sitio corresponde al 28 de febrero del 353 d.C., puntado en el monumento 6. En esa misma pieza se relata la dedicación de un baño de vapor o pib'naah, hecha para el señor B'ahlam Ajaw el 7 de diciembre del 510 d.C. Entre otros pasajes cuenta el nacimiento, ascensión al trono y las conquistas del rey guerrero, quien parece haber sido el conquistador de Comalcalco en el año 649 d.C.

 
En Pomoná, Tenosique, se localizaron varios paneles de piedra con inscripciones, como el llamado "Tablero de los Escribas", donde se puede observar el el glifo emblema del sitio. Otros paneles registran las celebraciones por el final de un k'atun, marcado en el panel "Y", un 24 de agosto de del año 593 d.C., y el señor "Nube Roja Jaguar" celebró el final del k'atun en un lugar llamado Ti'tziil. En el sitio arqueológico de Moral-Reforma, de Balacán, se obtuvieron diferentes altares circulares y estelas con inscripciones, una de ellas con la fecha 5 de abril del 662 d.C., día en que asciende al trono un rey en Calakmul, Campeche. 


En una cueva cercana al poblado del ejido Álvaro Obregón, se encontró la parte inferior de una caja de madera con textos jeroglíficos grabados en la superficie exterior, y refiere a un individuo relacionado con Teotihuacán y fechas del siglo VI d. C. Lo interesante de la pieza es que el estilo epigráfico coincide con materiales del siglo VIII d.C., por lo que los hechos que narra pudieran ser de 200 años antes. Lo monumentos inscritos encontrados en Santa Elena se relaciona al juego de pelota; e el monumento 1 se registra la ascención de un rey bajo la supervisión del señor de Palenque, cuyo hermano conquistaría este sitio de Tenosique en el año 659 d.C. 

 Es posible observar la exposición epigráfica de las piezas con escritura maya en los museos de sitio de Comalcalco y Pomoná, en el Museo Regional "Carlos Pellicer" en Villahermosa, en el Museo "Dr. José Gómez Panaco" en Balancán, y en el ejido Álvaro Obregón de Tenosique.




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 Plataforma Online de Artes y Cultura de Tabasco

DEL CARNAVAL EN TENOSIQUE, LAS DANZAS RITUALES Y SU MISTICISMO

Por Jorge Rivero Zapata/Franco de Aldecoa.

> Casi dos toneladas de harina son arrojadas en el arranque del carnaval más impresionante del estado de Tabasco. En el municipio de Tenosique cientos de personas de diferentes edades quedan cubiertas con capas de harina, huevo y agua, mientras esperan ansiosas el inicio de las festividades de carnestolendas, famosas por las danzas rituales de “El Pochó” y “Los Blanquitos”. Estas costumbres son exclusivas de Tenosique, pequeña ciudad tabasqueña situada en la margen derecha del caudaloso río Usumacinta, en medio de la encrucijada que forman los estados de Campeche, Tabasco y Chiapas y el Departamento del Petén, de Guatemala.

Entre las costumbres peculiares de esta región hay una que se distingue por el hecho de que ha conservado, a través de tantos años, sus caracteres primitivos, a pesar de sus complicadas ceremonias; esta costumbre consiste en una danza denominada “El Pochó”, que se lleva a cabo durante los días de carnaval, principiando el 20 de enero, día de San Sebastián. El carácter mítico de esta danza es indudable y se considera que sus orígenes se remontan al tiempo anterior a la Conquista, ya que los indígenas la practicaban como parte de una ceremonia religiosa del culto a sus dioses. Cuando los conquistadores convirtieron a los indígenas al cristianismo, esta danza siguió ejecutándose, pero desde entonces la relacionaron íntimamente con la religión católica, aunque sin formar parte del culto, y es así como se conserva hasta nuestros días.  El Pochó consiste en una serie de danzas y otras ceremonias ejecutadas al compás de una música melodiosa y triste, producida por un pito hecho con caña de carrizo, acompañado de tambores; todo esto simboliza la purificación del hombre a través de la lucha entre el bien y el mal. Los personajes de estas danzas son los “cojoes” (hombres), las “pochoveras” (doncellas) y los “tigres”.
Según el argumento, los cojoes son criaturas superiores de la naturaleza, en quienes los dioses han depositado rasgos positivos y negativos; el dios maligno llamado Pochó desea la destrucción de los hombres y envía a lostigres a eliminarlos; el grupo de pochoveras actúa ambiguamente, primero como enlace entre el Pochó y los seres terrestres, y después como mediadora entre cojoes y tigres. Los tres grupos de personajes deciden finalmente“recoger sus pasos”, es decir, desandar su vida de actos reprobables, y destruir con ello, dentro de sí mismos, al dios Pochó. Esto último se simboliza con el hecho de quitarse las máscaras en el mismo sitio donde, al ponérselas, habían absorbido sus rasgos negativos, y de ir arrojando, en una carrera por varias calles, las vestimentas vegetales que constituyen el vestuario de los cojoes. Se trata, entonces, de un retorno a la inocencia mediante un acto de purificación.   
Este argumento, a excepción de la última escena, que se representa sólo el martes de carnaval, se repite varias veces a lo largo de los recorridos por la ciudad. El número de ejecutantes de esta danza es variable. Al comienzo de los festejos son aproximadamente cincuenta varones, en su mayoría jóvenes y niños; pero en la culminación del martes de carnaval hay más de mil cojoes, unas veinte pochoveras y diez tigres.  En cuanto a la indumentaria ritual, los cojoes usan sombrero de palma cubierto con flores y hojas largas y frescas de cañita, dos pañuelos amarrados a la cabeza y el rostro cubierto con una máscara de madera; llevan un costal de henequén sobre la camisa; una toalla o paño sobre los hombros; guantes (o calcetines que hacen la misma función de cubrir las manos); faldilla de grandes hojas secas de castaño, entretejidas en una cuerda amarrada a la cintura, y polainas de hojas de plátano secas (“sojol”). Las pochoveras visten sombrero cubierto de flores, blusa blanca, falda floreada, un manto o paliacate sobre los hombros y collares.
Finalmente, los tigres llevan todo el cuerpo, a excepción del cabello y la espalda, embarrado de tierra amarilla (“sacab”) con manchas negras redondas aplicadas con la boca de una botella o con la tapa de un frasco pequeño; sobre la cabeza y los hombros portan una piel de ocelote o jaguar, y a la altura del hocico del animal, una flor roja. Loscojoes utilizan varios accesorios, como bastones, sonajas (“shiquis”), recipientes con harina o agua e incluso objetos obscenos.  Hay que mencionar que existe un personaje llamado “capitán” (anteriormente era conocido como “juez”), que se encarga de conservar la tradición y el fuego sagrado, y de que se lleven a cabo todos los ritos correspondientes.Para nombrar al “capitán del Pochó” la comunidad se pone de acuerdo sobre la persona en quien recaerá el nombramiento del año siguiente, que es siempre un indígena renombrado, y luego se da cita tumultuosamente frente a la casa del elegido, arrojando al techo piedras, botellas, naranjas y otros objetos. El propietario sale a la puerta y anuncia que acepta el cargo. Por último, al llegar la noche la gente se instala en la casa del capitán saliente para asistir a la “muerte del Pochó”, que desde ese momento cae gravemente enfermo.
Esta ceremonia se desarrolla como un velorio, donde se recuerdan los incidentes de la temporada mientras se consumen tamales, dulces, café y aguardiente, todo esto acompañado por el ritmo de los tambores, durante toda la noche del martes.
Al despuntar la mañana del miércoles de ceniza, el toque de los tambores se va haciendo más lento y finalmente calla ante la muerte del Pochó, así que todos se despiden hasta el próximo año. 
Antiguamente, el aprendizaje de este ritual se realizaba por imitación, pero en la actualidad existe una escuela autorizada por la comunidad en la que se preserva y difunde esta danza, bajo la dirección del conocido “maestro Felipe”.   Que en paz descanse
Por otra parte, en lo que se refiere a la danza de “Los Blanquitos”, que también se lleva a cabo durante el carnaval, se trata de una danza mestiza de protesta que probablemente tuvo su origen en la región del Petén guatemalteco, entre los negros que trajeron como esclavos los conquistadores españoles. Se cree que pudo ser introducida a Tenosique hacia el año de 1890 por un personaje de nombre José Pérez.  
La danza consiste en que entre 10 o 12 danzantes vestidos con pequeños calzones de manta y con el cuerpo embarrado de un lodo calizo (“shosclok”), tratan de imitar la piel de los amos blancos, para ridiculizarlos, como una forma de protestar contra el mal trato que éstos daban a los esclavos negros en el duro trabajo de talar la selva para obtener las maderas preciosas que los españoles explotaban. 
Los danzantes, denominados “blanquitos”, lucen en la cabeza un penacho cilíndrico con papel picado de colores y llevan tatuada en el pecho y en la espalda una cruz de achiote que simboliza la religión cristiana de los blancos; éstos son maltratados por un capataz negro que se hace acompañar de sus esposas y que los fustiga durante la danza para hacerlos trabajar. Los “blanquitos” se la pasan quejándose a lo largo de la representación. 
Estas costumbres, únicas en la región y en toda la República, aún se mantienen vivas con toda su carga de simbolismo y tradición y se pueden presenciar durante los festejos de carnaval que se celebran en el municipio de Tenosique, Tabasco.

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